
En un lugar muy cercano a la esquina de un pueblo perdido. Había un jardín de espinas. De helechos que se entretejían como las venas de esa pequeña muñeca que una vez olvidaste. Sí, tú, niña de los ojos grises, de la mirada cansada, con solo 4 años de edad. Te acabaste el mundo. Te lo comiste sin querer. Tú no asististe a tu primer cumpleaños se celebró en tu ausencia. Aunque hubiera cientos de dulces, piñatas y globos. Tu mundo se localizaba en tus sueños. Y dormiste, dormiste toda la fiesta. Pero todo pasó desde antes. Lo sé. Después de la fecundación la historia comenzó. Tu crecías. Y eras feliz. Naciste y fuiste feliz. No había nada que alterara el orden de la historia todas las historias felices, para empezar empiezan con un título menos complicado. Algo así como un cuento antes de dormir. Pero no. Éste no es el caso.
¿Qué pasaba con esa muñeca? ¿Por qué la abandonaste? Nadie nunca sabrá tus razones. Ni nos esforzaremos en encontrar una muñeca más bonita que aquella. Ella de los ojos de cristal y la mirada cautiva. Yo sé, sólo querías liberarla. Pero en que momento te atrapaste a ti. Su alma y sus ojos la liberarían. Pero el paisaje y el olor a humedad se impregnó en tu rostro, en tu esencia. Nunca creíste en historias felices ni mucho menos en historias tristes. No creías en nada. ¿Qué triste es no creer en nada? Demasiado niña para las desilusiones de la vida. Demasiado grande para la inocencia. Pero que inocencia podría haber..ya nadie, ni siquiera los pequeños nacían inocentes. Al salir del hospital se daban cuenta de que el mundo fuera del vientre de su madre no era el mismo. Ni o volvería a ser. Hasta que encontrara otro refugio tan puro como el de ella.
Despiertate ya. Es tarde, demasiado tarde aún para soñar.
Hoy no hay música, solo Chollywood sonando. Y pues distrae un poco.

