jueves, 29 de marzo de 2007

Un cuento para antes de despertar.


En un lugar muy cercano a la esquina de un pueblo perdido. Había un jardín de espinas. De helechos que se entretejían como las venas de esa pequeña muñeca que una vez olvidaste. Sí, tú, niña de los ojos grises, de la mirada cansada, con solo 4 años de edad. Te acabaste el mundo. Te lo comiste sin querer. Tú no asististe a tu primer cumpleaños se celebró en tu ausencia. Aunque hubiera cientos de dulces, piñatas y globos. Tu mundo se localizaba en tus sueños. Y dormiste, dormiste toda la fiesta. Pero todo pasó desde antes. Lo sé. Después de la fecundación la historia comenzó. Tu crecías. Y eras feliz. Naciste y fuiste feliz. No había nada que alterara el orden de la historia todas las historias felices, para empezar empiezan con un título menos complicado. Algo así como un cuento antes de dormir. Pero no. Éste no es el caso.


¿Qué pasaba con esa muñeca? ¿Por qué la abandonaste? Nadie nunca sabrá tus razones. Ni nos esforzaremos en encontrar una muñeca más bonita que aquella. Ella de los ojos de cristal y la mirada cautiva. Yo sé, sólo querías liberarla. Pero en que momento te atrapaste a ti. Su alma y sus ojos la liberarían. Pero el paisaje y el olor a humedad se impregnó en tu rostro, en tu esencia. Nunca creíste en historias felices ni mucho menos en historias tristes. No creías en nada. ¿Qué triste es no creer en nada? Demasiado niña para las desilusiones de la vida. Demasiado grande para la inocencia. Pero que inocencia podría haber..ya nadie, ni siquiera los pequeños nacían inocentes. Al salir del hospital se daban cuenta de que el mundo fuera del vientre de su madre no era el mismo. Ni o volvería a ser. Hasta que encontrara otro refugio tan puro como el de ella.

Despiertate ya. Es tarde, demasiado tarde aún para soñar.



Hoy no hay música, solo Chollywood sonando. Y pues distrae un poco.



miércoles, 28 de marzo de 2007

Cuarenta y dos minutos.

El escenario se encontraba vacío. Las luces aún encendidas.
En el público se podía sentir el aroma de la expectativa.
Esa mezcla de olor a vino, con perfumes costosos,
Y el olor peculiar de un personaje que no precisamente estaba en escena.
Todo aumentaba. El aire aumentaba de peso. Ya no había espacio.
"Tercera llamada, comenzamos"
Se abrió el telón. Y los espacios entre persona y persona se relajaron.
En el escenario sonaba la lluvia. Un latido. Y una respiración.
No había más. Fueron cuarenta y dos minutos y medio.
Un público anonadado y una actuación sin palabras.
Así pasaba todo. Su cuerpo, un telón sin descubrir.
Un escenaro vacío y las luces de sus ojos iluminadas sutilmente.
No había tercera llamada. Ni primera, ni segunda.
La actuación, la verdadera actuación había comenzado años atrás.
En una lluvia. Cuando su corazón de pronto se detuvo.
Y al escuchar su respiración de nuevo el telón se descubrió.
Para dar pie a una vida que es actuada.
A una actuación que es la vida.
A unas palabras que duran lo mismo que un sueño de cuarenta y dos minutos.


Otra de mis pasiones es el teatro. No hay más palabras

martes, 27 de marzo de 2007

Una mente en blanco

Siempre quise saber que se sentía tener la mente en blanco.
Recorrí todos los atardeceres que pude recorrer.
Ansié visitar hasta el último lunar de su espalda.
Pero al final de no lograba tener la mente vacía.
Nuevamente había algo. La idea.
La idea se transformaba, del azul grisáceo de sus pupilas felinas.
Al verde de un mar que se aleja con la oscuridad del anochecer.
¿Cómo lograr que esa idea llegara a algún lado?
Yo no la quería. Necesitaba el final, la muerte, el entierro de esos sueños.
Sin embargo palpitaba. Palpitaba la idea en la mente,
Resonaba en las paredes de mi mente.
Lloraba en mi torrente sanguíneo.
Quiero una mente en blanco. Le dije al doctor.
Tomó su pluma y garabateó en su recetario.
Tome la receta pero no sabía leer unas letras que me resignaba a entender.
Nadie me pudo ayudar. Recorrí no solo un océano.
Recorrí todo el espacio que había entre esa pared y mi reflejo en el espejo.
Y la idea seguía ahí.
Lloré. Con cada lágrima esperaba que la idea se lavara.
Nada resultó. Todo empeoró. Las ideas empezaron a surgir.
Y fue ahí dónde no me pude detener.
Tomé una pluma una hoja. Y ahí me encontré finalmente con mi realidad.
Una mente en blanco. Y un corazón lleno de palabras. De sentimientos.
De necesidad de ser escuchado, leído, comprendido no.
Desde esa hoja en la que se mezcló la tinta y la sangre. No ha parado el desangrado.
Y creo que moriré un día de estos, habiendo una vez recorrido todos sus lunares.
Todas las estrellas. Pero finalmente lograré entender mi esencia.